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Las distracciones en la conducción.

El conductor ha de dar una respuesta adecuada a las exigencias que le imponen la vía, las condiciones meteorológicas o ambientales, la circulación y las normas y señales que la regulan. Pero, para dar esa respuesta, necesita una buena información y una buena capacidad para actuar.

El conductor recibe la información del entorno mediante estímulos que percibe a través de los sentidos (vista y oído, fundamentalmente). Una vez percibidos los valora y después los transforma en decisiones que, a su vez, dan lugar a acciones con los pies y con las manos sobre los mandos del vehículo (frena, acelera, embraga, desembraga, gira el volante, enciende o apaga las luces, etc.) El conductor es una especie de transformador de los informes de entrada que percibe por los sentidos (estímulos) en acciones de salida, que se traducen en respuestas.

La capacidad de respuesta del conductor está influenciada no sólo por la información que recibe y cómo la recibe, sino por el tiempo empleado en recibirla, valorarla y transformarla en decisiones y acciones.

Cuando la información que recibe el conductor es excesiva o su capacidad de recepción está afectada por su estado psicofísico (fatiga, defectos físicos, medicamentos, alcohol, etc.), de tal forma que les es imposible no sólo recibirla, sino valorarla toda o valorarla adecuadamente, la capacidad de respuesta queda afectada negativamente y pueden surgir los fallos, los errores y sobrevenir el accidente.

En consecuencia, el nivel de capacidad del conductor vendrá determinado por los siguientes factores:

  • Por la competencia técnica.
  • Por el estado físico.
  • Por el conocimiento de la normativa.
  • Por el nivel de vigilancia.

Del último punto se puede comentar que un conductor no atiende continuamente a todo lo que le rodea cuando conduce, pero su nivel de vigilancia debe estar siempre adaptado a las exigencias de la situación. No debe nunca dejarse sorprender por nada.

La vía con su entorno y los otros usuarios, plantea una serie de exigencias, diversas y cambiantes, al conductor, a las que debe hacer frente adaptando constantemente su capacidad de actuación. Cuando, por cualquier motivo, esa capacidad de respuesta es inferior o queda por debajo del nivel en ese punto presentaban las exigencias, el equilibrio se rompe y sobreviene el accidente de circulación. Es decir, para que la conducción sea segura, es preciso que, en todo momento y circunstancia, las capacidades del conductor estén por encima, o sean superiores, a las exigencias de la situación.

El accidente resulta, pues, de la rotura de ese equilibrio que debe existir entre exigencias y capacidades, es decir, en el momento en que el nivel de exigencias de la situación rebase el de los medios de que el conductor dispone o que pueda disponer para su actuación.

Los principales factores o causas que deterioran el estado psicofísico del conductor, cuya incidencia en la producción de accidentes está plenamente demostrada, son los siguientes:

  • La desatención o distracción.
  • El sueño y la somnolencia.
  • El alcohol y las drogas.
  • El cansancio y la fatiga.

La distracción del conductor está presente en uno de cada tres accidentes de tráfico. Por su parte, el sueño es una de las cinco causas principales de los siniestros con víctimas y el cansancio o la fatiga está detrás, directa o indirectamente, del 40 por 100 de ellos.

La distracción causa, habitualmente, dos tipos de accidentes:

  • Salida de la vía.
  • Colisión por alcance.

Las distracciones que causan un accidente están motivadas por una acción puntual del conductor como:

  • Atender una llamada en el móvil o marcar un número en el teclado.
  • Encender un cigarrillo es una auténtica maniobra de distracción.
  • Quitarse de la ropa, la ceniza que se cae del cigarrillo.
  • Contemplar un bello paisaje puede ser un elemento de distracción.
  • Las carretera largas, rectas y monótonas encierran el peligro de la distracción.
  • Sintonizar una emisora, cambiar la cinta del cassette.
  • Echar un vistazo a un mapa.
  • Una conversación amena o acalorada con los acompañantes.
  • Demasiados problemas y preocupaciones.
  • Intentar echar fuera un insecto.
  • Buscar algo en la guantera.
  • Entretenerse en exceso en consultar el tablero de mandos.
  • Mirar por el espejo retrovisor.
  • Limpiar el vaho de los cristales.
  • La señalización confusa y excesiva.
  • Jugar con niños, con perros, etc.
  • Ingerir alcohol, medicamentos o drogas, que alteran notablemente la capacidad de atención.

La lista de estímulos o "entretenimientos" que roban la adecuada atención al hecho de conducir, sería exhaustiva. Algunos de ustedes seguro que añadiría muchas más, pero no se trata de abordar una lista completa de esas otras tareas con las que a veces compaginamos peligrosamente la conducción.

No lo olvides, no sólo puedes perder tu permiso de conducir o tu trabajo, arriesgas tu vida y la de los tuyos, por una simple distracción.


Campaña de prevención de accidentes de tráfico. Distracción al volante.


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